Sinopsis
Con frecuencia, en las ciudades que habitamos, las fachadas en restauración están cubiertas por una lona que reproduce lo que tiene detrás. Pero el resultado no es eso que desde antiguo se llama simulacro, y quizá se trate de algo más perverso. En lugar de suplantar el original o simular uno inexistente, la copia duplica un modelo que, aun no debiendo mostrarse, tiene que estar en contacto casi f¡sico con ella. En esta clase de imágenes se comprende el verdadero signo de los tiempos.En la lona de Iconópolis, la realidad previa y cercana no puede faltar para que haya imagen, y esto lo sabe muy bien el súbdito, el cual no es miembro pasivo de la «sociedad del espectáculo» clásica. De manera incesante, debe fabricar por s¡ mismo imágenes en las que, a menudo, aparecerá como objeto principal. También habrá producido, pocos segundos antes, acontecimientos tenidos por únicos y, en el sentido más enfático posible, por «originales». A esa actividad frenética llama el súbdito «vida», una vida que ser¡a imposible sin el culto más fervoroso de la autenticidad y sin la fidelidad más devota y realista a lo que se l