Sinopsis
Se defiende a lo largo de este ensayo que la experiencia poética representa la constatación de una idea de la disolución, se funda —por utilizar un término recurrente en cierta jerga posmoderna— como un simulacro de la muerte. Se escribe, en parte, para dejar constancia de una pérdida y la conciencia de esa pérdida es un rasgo esencial de nuestra identidad fingida. A la luz de la conocidísima aserción rimbaudiana que relata el viaje desde el yo a la otredad, hacia una suerte de yotredad en la que la mismidad quiere combinarse con la diferencia, La palabra que está bajo la arena quiere explorar lo indeci(di)ble y aparece al demorarse, toma la forma del deseo o el temor de una súbita e imprevista aparición. Es una palabra que tan solo espera, se encuentra a la escucha, la huella de una memoria sumergida que da noticia de un lenguaje originario, la peripecia impronunciada de lo que, sin todavía manifestarse, ya es. Porque si nada es lo que parece, ya todo cobra sentido, ya todo es lo que es, desplazado, diferido, al alcance de esa palabra impronunciable que sea capaz de perforar el pozo con su aliento.